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Hijo: haz lo que digo, no lo que hago… ¿en tiempos de contingencia?
9 jun. 2020 0:21:17

Como padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos y procuramos darles los mejores consejos para que no cometan errores, sin embargo, no  nos damos cuenta de que las acciones hablan mucho más fuerte que cualquier palabra.  Si a esta realidad le sumamos que estamos en una situación de contingencia en la que, por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, nos encontramos todos juntos en casa, entonces,  la situación puede volverse aún más complicada.

¿Te has dado cuenta de alguna actitud o entonación tuya proyectada en ellos? Por supuesto, cuando éstas son positivas nos llenan de orgullo, pero cuando son negativas resultan muy frustrantes.

Es por ello que en este artículo revisaremos algunas actitudes  que suelen ser muy recurrentes entre nosotros los padres y sobre todo, la forma en la que podemos evitar que lo negativo se vuelva nuestra herencia.

1) Nuestra forma de expresarnos (los gritos)
 

¿Alguna vez has alzado la voz para llamar la atención de tus hijos?

Está claro que ninguno de nosotros al planear tener hijos pensó: “cuando tenga hijos les voy a levantar la voz, será tan lindo....” sin embargo lo hacemos y después  nos sentimos culpables y para justificarnos nos decimos: “es que no se puede, no entienden...” y es verdad, los gritos no favorecen que el niño escuche, al contrario, se adaptan a escuchar ese volumen hasta que lo consideran normal, y por lo tanto, menos atención ponen; han aprendido a obedecer hasta que nos ven realmente molestos.

Repetir una instrucción no es agradable, es un verdadero reto a nuestra paciencia y autocontrol. Pero tengamos en mente los siguientes puntos clave:

- Recuerda que son niños, no adultos pequeños, es frecuente que les hablemos esperando una respuesta adulta, pensando que van captar la instrucción y comprender su importancia.

- Sé consciente de que están absortos en su mundo, ¿Quién no recuerda el drama que representó la muñeca o el carrito extraviado?, o lo lento que pasaba el tiempo cuando estabas esperando que comenzara tu caricatura, o el lapso tan corto que existía entre que te daban una instrucción y que ya estaban tus papás a la puerta de la habitación indicando que había pasado una hora y no habías hecho lo solicitado...... ¿Dónde has visto esto?

- Los niños son niños y los adultos somos nosotros, por lo tanto, la solución está en nosotros, ya que somos los que sabemos manejar nuestras emociones, ¿verdad? Hay varias técnicas que pueden ayudarnos a manejar la frustración, ya sea respirar profundo, aislarte un poco por unos minutos, darte un tiempo, etc.

- En lugar de alzar la voz, intenta ponerte a su nivel, míralo a los ojos amorosamente y explícale con paciencia y de manera concreta lo que esperas que haga. Notarás grandes diferencias, no sólo en la conducta de tu hijo,  sino en tu paz interior.

2) Límites y consecuencias
 

Como padres somos los responsables de poner límites y corregir a nuestros hijos, pero, ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que estamos en un círculo interminable de faltas y castigos?

Para entender un poco mejor los “castigos”, demos un paso atrás. Uno de los padres del conductismo: Burrhus Frederic Skinner, considera que todos los comportamientos son respuesta a ciertos estímulos, si son positivos aumentara su probabilidad de repetirse y si son negativos disminuirá.

Pero espera, sabemos que siempre resulta un poco más complicado explicar la conducta humana, por ejemplo, la motivación extrínseca nos indica que el reforzamiento solo funciona mientras el castigo permanece... ¿pero entonces qué debemos hacer si lo que buscamos es mostrarles el error y que aprendan de éste y no que vivan castigados?

De nuevo, hay que recordar que son niños, cometen errores, y no lo hacen por molestar, están aprendiendo. Permíteles saber lo orgulloso que estás de ellos y dales atención cuando tengan comportamientos positivos, no sólo en los negativos.

Toma nota de estos tips:

  • Déjales saber con claridad  lo que esperas de ellos, explícales las razones y asegúrate de que el mensaje se comprendió. Esto último lo puedes lograr preguntándole con paciencia. Por ejemplo: Explícame qué es lo que tienes que hacer, por qué es importante que recojas tus juguetes etc.
  • Avísale lo que sucederá si continúa el mal comportamiento, háblale en términos de “consecuencia” evita la palabra “castigo” de manera que el niño entienda que no hay amenaza de por medio.
  • Ayúdalo a reflexionar sobre sus acciones y aplica consecuencias que sean congruentes con la falta. Por  ejemplo: Si tiras basura tendrás que recogerla, en lugar de, si tiras basura no podrás ver televisión
  • Hazle saber cuando hace algo bien, dale la sensación de progreso, refuerza lo positivo.

No podemos evitar ser ejemplo para nuestros hijos, y es fundamental que tengamos presente lo que dice el conocido refrán: “La palabra convence, el ejemplo arrastra” nuestros pequeños aprenderán de nuestras acciones, mucho más que de nuestras palabras.

Ahora que estamos en casa, podemos encontrar en el confinamiento una oportunidad  de acercarnos a nuestros pequeños, de comunicarnos con amor  y respeto de  intentar ser un mejor ejemplo para ellos. Sobre todo acercarnos amorosamente a nosotros mismos, recordando que  nadie nos enseñó a ser papás, cometeremos errores, lo importante es reconocerlos y hacer nuestro mejor esfuerzo por mejorar cada día.

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